La diferencia de comer en el Perú: de actividad a ritual
De Kirchdorf a Lima. 15 horas de vuelo. Dos adultos y un niño. Eran las siete de la mañana y los tres tenÃamos hambre. Un desayuno ligero fue la propuesta. ¡Pero qué feliz nos sentimos cuando vimos la mesa servida! No habÃa más pan de centeno, que puede ser muy sano pero a veces me sabe a suela de zapato y los jamones… ricos, pero cualquier cosa en demasÃa también hastÃa.
Reconocà los olores de mis sabores. Tamales especiales, chicharrón con camote asado, café pasado con leche, jugo de frutas frescas (no de caja sino recién extraÃdos), paltas maduras y no negras, pan de piso, papaya en cubitos. Un lujo en otros lados, en Perú una realidad imbatible. Quién me vio en ese momento capaz no pudo entender la alegrÃa que sentà al ver todo eso.Â
La inevitable pregunta, algo melancólica: ¿Extrañaste todo esto?, la posterior respuesta afirmativa y todos felices. Comer es una cosa tan sencilla en otros lados, una actividad más de comer cuando se puede y sin esperar al resto. En Perú se puede afirmar que comer es una alegrÃa, un ritual.
Comer afianza sentimientos, unifica y nos  hace apreciar el esfuerzo que costó esa comida, no sólo el esfuerzo de quién la compró, sino de quien la produjo y la preparó.
Porque en otros lares se puede comprar un desayuno asÃ, pero lo más probable es que no proceda de la cosecha del dÃa anterior, del trabajo de alguien que conocemos o apreciamos, sino de una industria que para mantener esos productos en buen estado tuvo que rociarlos con algún pesticida. Que el tamal no lo hizo una familia numerosa, un trabajo casi artesanal, sino una fábrica con harinas premezcladas y conservantes autorizados.
Esa es la diferencia. Porque en el Perú más que comer, el preparar alimentos también unifica y nos da felicidad. Ya sea por nuestras ancenstrales costumbres alimenticias, por nuestro sentido de familia o porque el Perú no es aún un paÃs industrializado, en nuestro paÃs comer es una actividad que conlleva cierto trabajo, el cual como comensales todos apreciamos.
Ahà radica creo yo, desde mi humilde perspectiva, uno de los pilares del éxito de la comida peruana. Un excelente y variado panorama culinario, junto con un equipo de manos trabajadoras que más que una actividad realizan un ritual.

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